15 feb 2012

El vacio me invadía por dentro, y sentí como mi vida se desmoronaba.   
Llegué tarde, siempre tarde.  Me acerqué al borde del precipicio, por donde hace unos minutos desapareció, mi hermana, mi mejor amiga. Medité la opción de tirarme yo también.
Pero no, ahora yo era completamente responsable de que todo se terminara.  Me alejé con cuidado del borde, me di la vuelta y eche a correr hasta llegar al coche.
¿Por qué  ella se suicido? ¿La presión, el amor, la obligación? Maldije a Liam y a tus amigos, y a los padres, abuelos y todos  los antepasados de ellos. 
¿Quiénes eran Liam y los demás? Sus  nombres  eran Liam Payne, Zayn Malik, Harry Styles, Christian Beadles, Niall Horan, Louis Tomlinson y Justin Bieber.  Eran empresarios, jóvenes, ricos y atractivos. Aunque algo más rondaba entre ellos.
¿Y qué lugar ocupaba yo y mi hermana, entre ellos? Enemigas, cazadoras, policías, no; no somos policías pero para que lo entiendas mejor, te lo pongo así.  ¿Y que tenía que hacer yo? Matarlos.  Mi hermana iba a hacerlo hace 5 años atrás pero su amor por Liam la venció.
Ahora estábamos tan cerca de conseguirlo,  los habíamos visto, teníamos todos los planes. Pero lo de recién paso, y mejor me voy a darles las noticias a nuestros jefes, y vuelvo en dos meses y punto.
{Un día después}
 Estaba caminando apurada por el aeropuerto   y me choqué con alguien, cuando levanté la vista retrocedí horrorizada. El chico rubio, alto y de ojos celeste, me dio una gran sonrisa.
-Por fin tenemos el gusto de conocernos. – retrocedí tres pasos más y medité la posibilidad de correr.
-Yo no haría si fuera tú, digo, tenes a  seis hombres esperándote afuera en cada dirección. – negué con la cabeza y le di mis dos manos juntas, me tomó de las muñeca, no muy delicadamente. Con la otra mano tomó mi maleta y me arrastro hasta la salida.  Allí me esperaban los seis chicos tal como dijo Niall. Esbozaron una gran sonrisa  cuando me vieron.
Sobre todo el estúpido de Justin.
Me metieron en un auto, y quedé entre Liam y Louis, que me agarraban fuertemente las muñecas. No grité, no porque me hayan tapado  la boca, porque no lo hicieron, si no porque no valía la pena.
-Liam, ella está muerta. – Susurré tan cerca de el como pude. Y la mano derecha dejó de estar apretado por que fue llevada a la cabeza de su dueño.

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